Guardianes de María
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EL CISMA




 
Dos tercios del clero austríaco apoya un manifiesto conocido como “Llamada a la desobediencia” y la gran mayoría de los habitantes de ese país hacen lo mismo. Rechazan casi todo lo dogmático o moral que es difícil de digerir por el mundo de hoy; es decir, piden la aceptación del aborto, del matrimonio homosexual, de la ordenación femenina, de la comunión eucarística de divorciados, de las misas presididas por laicos… Y esto sucede en vísperas del viaje del Papa Benedicto XVI a Austria (septiembre 2011).
 
La situación sólo puede calificarse como grave. En realidad, el cisma lleva ya años existiendo y ahora lo que sucede es que aparece con total nitidez. Sin embargo, antes de que se pase del “facto” al “iure”, (de que se haga jurídico), hay que hacer todo lo posible para impedirlo. La historia nos enseña que muchas buenas personas son engañadas por los liantes de turno, y luego, sin ser plenamente conscientes de lo que han hecho, quedan separadas del tronco de la Iglesia, tanto ellos como sus hijos.
 
No podemos sacrificar la verdad ni siquiera en aras de la unidad. Un cisma sería terrible, pero peor aún sería que en la Iglesia siguiera reinando la confusión que hay hoy en tantos sitios;  -Austria es sólo uno de ellos-.  Esto es como los matrimonios. Hay que luchar a toda costa para que sobrevivan, pagando incluso un alto precio por ello, el precio de la cruz. Pero no pagando cualquier precio. La Iglesia no nos enseña que la esposa tiene que seguir con el marido aunque éste le pegue una paliza diaria; la separación matrimonial, en casos así, es no sólo legítima sino necesaria.
 
Si llega esa hora, será una mala hora, pues no es buena la división. Pero mucho peor es seguir engañando a los fieles inocentes que van a iglesias y colegios católicos y reciben una doctrina que creen que es de la Iglesia a la que pertenecen y no tiene nada que ver con ella.
 
Recemos entonces por la Iglesia en Austria y por el Papa.
Autor: P. Santiago Martín
 
 




 
Manifiestos de Curas Austriacos
“LLAMADA A LA DESOBEDIENCIA”
 
PRIMER MANIFIESTO
 
El rechazo de Roma a una largamente esperada reforma de la Iglesia y la inactividad de nuestros obispos no solo nos permiten sino que incluso nos obligan a seguir nuestra propia conciencia y actuar de manera independiente.
 
Nosotros, sacerdotes, queremos dejar establecidos para el futuro los siguientes signos
..
 
1.   En adelante en todas las misas rezaremos una oración por la reforma de la Iglesia. Tomaremos en serio las palabras de la Biblia, pedid y recibiréis. Ante Dios existe la libertad de expresión.
 
2.   No negaremos, en principio, la Eucaristía, a los fieles de buena voluntad. Con especial referencia a los divorciados en segundo matrimonio, a los miembros de otras Iglesias cristianas y en algunos casos también a los católicos que han abandonado la Iglesia.
 
3.   Evitaremos, en lo posible, celebrar más de una Misa los domingos y los días de fiesta o de encargarlas a los sacerdotes que están de paso o no son residentes. Es mejor celebrar una Liturgia de la Palabra localmente organizada que turnos litúrgicos.
 
4.   Organizaremos en el futuro la liturgia de la palabra con distribución de la comunión como una “Eucaristía sin sacerdote” y así la llamaremos. De esta forma cumpliremos con nuestra obligación dominical cuando falten sacerdotes.
 
5.   Rechazaremos igualmente la prohibición de predicar para laicos competentes y cualificados y profesoras de religión. Es necesario anunciar la Palabra de Dios en tiempos especialmente difíciles.
 
6.   Nos comprometeremos a que cada parroquia tenga su propio superior, hombre o mujer, casado o soltero, a tiempo completo o parcial. No por medio de fusión de parroquias sino mediante un nuevo modelo de sacerdote.
 
7.   Por lo tanto vamos a aprovechar todas las oportunidades de manifestarnos públicamente a favor de la ordenación de las mujeres y de las personas casadas. Los vemos como colegas y como colegas bienvenidos al servicio pastoral. Nos sentimos solidarios además con aquellos que a causa de su casamiento no pueden seguir ejerciendo sus funciones y también con quienes, a pesar de mantener una relación, continúan prestando su servicio como sacerdotes. Ambos grupos siguen con su decisión los dictados de su conciencia como lo hacemos nosotros con nuestra protesta. Os vemos como “hermanos nuestros”, como al Papa y los obispos. No sabemos qué otra cosa debe ser un “co-hermano”. Uno solo es nuestro Maestro y todos somos hermanos y hermanas, como deberíamos llamarnos entre cristianos y cristianas. Por lo tanto es por eso que queremos rebelarnos, eso es lo que queremos que suceda y por eso queremos rezar.  Amén.
Domingo de la Trinidad, 19 de junio del 2011
 

 
 
 
SEGUNDO MANIFIESTO

 
Desde aquella 'Llamada a la desobediencia' en la que nos comprometimos a dar muestras de nuestra propia responsabilidad en la renovación de nuestra Iglesia, hemos recibido manifestaciones de acuerdo y apoyo de todas partes, tanto de nuestro país como del extranjero, salvo en lo que respecta a los obispos: primordialmente silencio y, en algunas ocasiones, violento rechazo. Frente a la actual penuria de parroquias y una actividad pastoral bajo la presión de la escasez de sacerdotes y su avanzada edad, decimos una y otra vez NO:
 
1 Decimos NO cuando nos piden que nos ocupemos cada vez de más parroquias adicionales porque solo seríamos celebrantes itinerantes y dispensadores de sacramentos para personas que carecen de un adecuado cuidado pastoral. Nos oponemos a hacer una aparición fugaz en distintas localidades sin poder encontrar ni ofrecer un hogar espiritual y emocional.
 
2 Decimos NO a presidir cada vez más eucaristías de fin de semana porque una cantidad excesiva de servicios y homilías se traducen frecuentemente en rituales superficiales y sermones rutinarios, perdiendo fuerza los encuentros, el discurso y el trabajo pastoral.
 
3 Decimos NO a la unión o al cierre de parroquias cuando no se puede nombrar a un párroco. En estos casos, es la escasez la que manda en vez de cambiar las normas nada bíblicas de la Iglesia para hallar una solución a la escasez. La ley está hecha para las personas, no al revés, máxime la ley de la Iglesia que solo está para servir al pueblo.
 
4 Decimos NO a la sobrecarga de trabajo del párroco al que se le pide que cumpla con numerosas tareas, lo que impide disponer del tiempo y la energía para tener una vida espiritual, y al que se le pide que siga trabajando muchos años después de la edad de la jubilación. Esta demanda excesiva de trabajo repercute en una menor eficacia de su ministerio.
 
5 Decimos NO cuando el derecho canónico emite un juicio excesivamente duro y sin piedad hacia los divorciados que osan volver a casarse, las parejas del mismo sexo que viven en familia, los sacerdotes que, rotos por el celibato, han iniciado una relación y hacia tantas personas que siguen su propia conciencia antes que una ley hecha por hombres.
 
Debido a que el silencio suele interpretarse como aceptación y porque queremos ser fieles a nuestra responsabilidad como sacerdotes y pastores, hemos tenido que expresar estos cinco puntos de Protesta. Una 'protesta' (‘pro teste', en latín) es literalmente un 'testimonio para' la reforma de la Iglesia, también para nosotros los pastores que queremos ser. La ausencia de alegría con la que se dirige hoy la Iglesia no es un buen testimonio del 'gozoso mensaje' que nos debe motivar. Porque "no queremos ser dictadores sino compañeros de trabajo para traeros la alegría" (2 Cor 1:24).

 
24 de febrero del 2012


 



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